EL PALACIO DE MYSORE (INDIA): UN PALACIO DE LAS MIL Y UNA NOCHES

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“ESPERA TRANQUILAMENTE UN VIENTO QUE VALGA LA PENA PARA EMPRENDER EL VUELO”…

(Palabras de Sherezade, en los cuentos de “Las Mil y una Noches”). 

El palacio de Mysore: Cuando la imaginación evoca una imagen de India, a nuestra mente acude de inmediato una de las siete maravillas del mundo: la tumba más emblemática y bella de todos los tiempos, de nombre Taj Mahal, situada en el estado de Rajasthan, al norte de la India.

Pero el Sur de la India tiene su equivalente al Taj Mahal en un palacio de maharajás y princesas conocido como el Palacio de Ambar Vilas o el Palacio Real del Reino de Mysore, en el estado de Karnataka: un palacio de ensueño que parece sacado de un cuento de Las Mil y una Noches.

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Tras el Taj Mahal, el Palacio de Mysore es el palacio más visitado de la India, al que cada año acuden casi 3 millones de turistas. A La cuidad de Mysore se le conoce con el sobrenombre de “La Ciudad de los Palacios”, y el Palacio de Ambar Vilas es, sin duda,  el más majestuoso de todos y uno de los recintos palaciegos más hermosos de la India y del mundo.

Hasta 1947 la ciudad de Mysore fue la capital del reino de Mysore por más de 500 años, gobernado por la dinastía de Maharajás Wodeyar, una de las dinastías más antiguas el Sur de India que ha continuado su sucesión hasta nuestros días.

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A la entrada del palacio de Mysore la seguridad es máxima. No se permite la entrada de cámaras fotográficas (sí se pueden fotografiar los jardines, pero las cámaras deben dejarse en una consigna para luego ser retiradas a la salida ya que realizar fotografías de las salas del interior del palacio está terminantemente prohibido). La visita por el palacio de Mysore se realiza descalzo, por tradición, para dejar los espíritus contaminantes en el exterior, y para que el calzado no dañe los exquisitos suelos de mármoles y maderas orientales.

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Tras traspasar los magníficos portones de la entrada al recinto, de inmediato nos inundaron unos aromas a perfumes de jazmín, especias, e incienso de sándalo; en la India de carácter sagrado. Un perfume que evoca las tierras de Oriente y satura los sentidos.

De inmediato nos vimos sumergidos en sus bellos jardines de anchos paseos que conducen al majestuoso palacio de Mysore: Un edificio de tres pisos y magníficas torres coronadas por grandiosas cúpulas de relieves rojos y dorados de estampa asombrosa e imponente arquitectura sarracena. Es fácil dejar volar la imaginación y trasladarse en el tiempo imaginando a los maharajás, sultanes y consortes paseando entre las estatuas de bronce de los fieros leopardos que custodian las entradas al Palacio Real de Mysore.

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La visita del palacio de Mysore comienza a través del “Pabellón de las Muñecas” o “Gombe Thotti”, donde se puede contemplar una silla-trono de nombre “Howdah”, de las que se utilizaban en la India antiguamente para llevar a pasajeros en lomos de los elefantes. La silla de madera, pero cubierta de 84 kilos de oro macizo, es uno de los primeros tesoros que se pueden admirar y que te dejan boquiabierto. La sabia expresión “vivir como un maharajá adquiere su máximo significado con la visita de estos lugares de Oriente que nos exponen a una riqueza y un lujo de carácter incluso divino, y que se sitúan tan lejos del alcance del ser humano ordinario.

La silla de oro, custodiada por dos cabezas disecadas de elefante, adorna una de las puertas palaciegas de acceso. Y es que el último maharajá (recientemente relevado por su sobrino) era aficionado a la caza, práctica que afortunadamente abandonó para dar un giro completamente inesperado en su relación con los animales y unirse a la Fundación Internacional Protectora de Animales WWF (World Wildlife Foundation).

Una vez que abandonamos el pabellón de acceso, llegamos al portón principal del palacio de Mysore, la llamada “Puerta del Elefante”, decorada con un águila de oro con dos cabezas, el símbolo representativo de la ciudad de Mysore. Basta atravesar dicha puerta dorada para adentrarnos de inmediato en el paraíso: el paraíso de la opulencia y el lujo llevado a su máximo exponente….

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Águilas Reales. Crédito: Pinterest.

Los cuentos de las Mil y Una Noches evocan a la perfección estas sensaciones:

“Al día siguiente me levanté temprano, y abrí la cuarta puerta con la cuarta llave. Y entonces, vi cosas que ni en sueños podría ver un ser humano. En medio de un gran patio había una cúpula de maravillosa construcción, con escaleras de pórfido que ascendían hasta cuarenta puertas de ébano, labradas con oro y plata. Se encontraban abiertas y permitían ver aposentos, espaciosos, cada uno de los cuales contenía un tesoro diferente, y valía cada tesoro más que todo mi reino…”

(“Cuento del Tercer Saaluk” en “Las Mil y Una Noches”).

el palacio de Mysore en India

La visita por el palacio de Mysore continúa recorriendo una imponente escalera con esculturas de bronce representando luchas de leopardos (símbolos de valor y fuerza) y que dan lugar a un patio en el que se hacían representaciones de lucha libre. Cabe señalar que la obra original del palacio es del siglo XIV, pero a lo largo de los siglos se han ido derribando y proyectando nuevas obras, incluyendo construcciones más actuales, que datan de 1897. En aquel año el palacio antiguo de madera sufrió un importante incendio que lo destruyó casi al completo. Estas últimas obras son del arquitecto inglés Henry Irwin, de marcado estilo historicista indo-sarraceno.

Se continúa el recorrido por el palacio de Mysore accediendo al impactante “Salón de Bodas” adornado con piedras preciosas, candelabros de la República Checa, bellos azulejos italianos en el suelo e impresionantes vidrieras en el techo, fabricadas en Escocia. Un lugar exclusivo para la celebración de bodas y fiestas reales.

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Pabellón de Bodas. Crédito “mysorepalace.gov.in”.

Se prosigue la entretenida visita con “El Pabellón de los Retratos”, plagado de retratos de pinturas de la familia real, para finalmente llegar a los pabellones más ostentosos y quizás más llamativos del Palacio: Las salas Dubar.

Las salas Dubar (“El Hall Dubar” y la “Sala Privada Dubar”) nos ofrecen a la vista, y a los sentidos, una opulencia con todo lujo de detalles que nos traslada de nuevo, casi sin querer, a cualquiera de las páginas de los relatos de “Las Mil y Una Noches”: tallas de maderas y mármoles exquisitos, piedras preciosas, incrustaciones de oro y plata y esculturas de marfil trabajadas por los mejores artesanos del reino.

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Sala Durban del Palacio de Mysore. Fuente: “mysorepalace.gov.in”

En la zona privada del Rajá, es posible observar uno de los objetos más impresionantes de todo el palacio de Mysore: El trono de Oro del Rajá, de 200 kg de oro macizo e infinitas incrustaciones de piedras preciosas: Un tesoro deslumbrante y casi irreal del Palacio de Mysore que te hace sentir como si hubieras llegado a “la cueva de tesoros de Alí Babá”. Si viajas con niños como era nuestro caso, disfrutarán de cada paso de la visita descubriendo mil y una maravillas.

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Trono de oro del palacio de Mysore. Crédito. “mysorepalace.gov.in”.

“….Seguí andando, y encontré abierta una puerta, cuyas hojas eran de plata virgen, y más allá una escalera de siete peldaños, y al llegar arriba, me hallé en un salón de mármol blanco, cubierto de alfombras tejidas de oro, y en el centro, entre grandes candelabros de oro, una tarima también de oro salpicada de esmeraldas y turquesas, y sobre la tarima, un lecho incrustado de perlas y pedrería, cubierto con telas preciosas. Y en el fondo de la sala advertí una gran luz, pero al acercarme me enteré de que era un brillante enorme, como un huevo de avestruz, cuyas facetas desprendían tanta claridad, que bastaba su luz para alumbrar todo el aposento. (…) Continué andando y tanto me absorbía esto, que me olvidé de mi persona, de mi viaje (…). Todavía seguía maravillada…”

( Extracto del “Cuento de Zobeida” en ”Las Mil y Una Noches”).

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Puerta maciza de plata labrada. Crédito: “mysorepalace.gov.in”

Han pasado casi 600 años desde que la dinastía Wadiyar empezara a reinar en 1399, y aunque los maharajás no gobiernan desde 1947, cuando India consiguió su independencia, los Rajás siguen siendo ricos e influyentes en India y siguen despertando admiración en pleno siglo XXI.

De forma ocasional siguen ofreciéndonos retazos de esplendor, como el que tuvo lugar no hace mucho en la Coronación del joven Rajá: Yaduveer Krishnadatta Chamaraja Wadiyar, coronado como el rey número 27 de la dinastía Wadiyar. Un príncipe, ahora rey, de tan sólo 24 años, y graduado en Economía en USA, en un modelo más occidentalizado: Un nuevo Rajá para el Palacio eterno de las Mil y Una Noches.

TIPS VIAJEROS:

  • Accede a la web oficial del Palacio de Mysore para más información. Las fotos que ilustran este relato están sacadas de esta página oficial ante la imposibilidad de realizar fotografías dentro de las salas del palacio de Mysore.
  • La entrada al palacio de Mysore: 250 Rupias para los extranjeros, (y gratis para los niños), ofrece de forma gratuita una audio-guía con explicaciones muy detalladas y claras del recorrido de la visita. Ideal para no perderte detalle.
  • Si tienes pensado visitar Mysore, intenta que coincida en domingo o festivo ya que a las 19:00 horas el palacio luce en todo su esplendor con el encendido de casi 100.000 bombillas, proporcionando una visión mágica, casi irreal, del palacio más bello de la ciudad de  Mysore: “La Ciudad de los Palacios en el Sur de la India”. Un lugar de obligada visita si se viaja al Sur de India.

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Si la llegada a Mysore coincide con el festival popular de nueva días de” Dussehra”, sentirás que habrás viajado en el tiempo, ya que esta celebración es una de las más importantes de la India: Los elefantes son pintados y vestidos de forma elegante y colorida para ser montados en procesión con la silla de oro o “howdah” del Rajá.

La procesión sagrada se inicia en el palacio iluminado adorando la espada real por el Rajá y lanzando una puja u ofrenda a los dioses de los templos cercanos. Una salva de 21 cañonazos marca el inicio del festejo que culmina a los nueve días con un vistoso desfile nocturno de antorchas.

No se me ocurre mejor manera de terminar este relato palaciego con una última sabia cita, que en realidad es la primera, con la que se ilustra la introducción al fantástico libro de “Las Mil y Una Noches”:

“Que las leyendas de los antiguos sean una lección para los modernos, a fin de que el hombre aprenda en los sucesos que ocurren a otros que no son él. Entonces respetará y comparará con atención las palabras de los pueblos pasados y lo que a él le ocurrirá, y entonces se reprimirá. Por eso ¡gloria a quien guarda los relatos de los primeros como lección dedicada a los últimos!..

”Las y Mil y Una noches” (Anónimo).

El palacio de Mysore en un lugar de visita obligada en un viaje al sur de la India.

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